Antiguos pobladores

Migrantes de la prehistoria, nativos americanos.

Antes de la fundación de la Villa de Santiago de Saltillo y del Pueblo de San Esteban, por más de 7.000 años, la región estuvo habitada por Chichimecas que conocían  su agresivo entorno natural y estaban bien adaptados a vivir en esta árida región.  Estos pueblos eran muy celosos de su territorio, lo custodiaban permanentemente y eran duchos en la estrategia para emboscar invasores. De manera particular, el valle era ocupado por coahuiltecos, también conocidos como rayados o borrados; en el sur y este habitaban los Huachichiles; mientras que al norte y oeste, los tobosos ocupaban esta tierra.

Estos pobladores, recolectores-cazadores, que por más de cien generaciones habitaron un valle otrora rico en agua con manantiales, ciénagas y lagunillas temporales; ejercían mínima presión   sobre los recursos naturales, su alimentación se basaba en guisos sencillos elaborados con sal, así como con plantas y animales de la región. Se alimentaban de yucas, nopales, mezquites, pitayos, sotoles, zapotes negros y nogales; animales como venados, coyotes, perritos llaneros, ratones de campo, víboras, pescados y gusanos.

Pitallo  Echinocereus cinerascens

Llegada de los Europeos

Encuentro entre dos culturas, la conquista y el inicio de una leyenda.

Con la llegada de los europeos a la región a mediados del siglo XVI, la situación de los antiguos pueblos que habitaban lo que hoy conocemos como el valle de Saltillo cambió, ya que, con su llegada, introdujeron la ganadería con bovinos, ovinos, equinos y caprinos; así como el cultivo de algunos forrajes. Más tarde, a finales del mismo siglo, con la llegada de los tlaxcaltecas introdujeron la agricultura con cultivos de cereales, algodón, hortalizas y frutales.

En julio de 1577, Alberto del Canto, en nombre del gobernador de la Nueva Vizcaya, fundó La Villa de Santiago de Saltillo tomando posesión del lugar además de señalar los predios para las casas reales, iglesia, convento y calles, así como el reparto de tierras y aguas. Desde sus inicios, ésta Villa fue frecuentemente atacada por los indígenas de la región, por lo que en   1586, los misioneros franciscanos, el capitán Miguel Caldera y su colaborador español el capitán Gabriel Ortiz de Fuenmayor, iniciaron labores para convencer a los caciques de los huachichiles de que se diera la paz, apoyándose en el establecimiento de poblados donde pudieran dedicarse a la agricultura.

El carácter indómito de los Huachichiles propició que hubiera rebeliones a finales del siglo diez y seis; capitaneados por el Gallardo Guerrero Zapalinamé y su compañero Cilaván, quienes incendiaran la primera misión Franciscana; así como otras edificaciones en la recién fundada Villa de Santiago del Saltillo. Después de cada ataque, los caudillos Huachichiles se resguardaban en la serranía cercana al valle, donde al no poder darles alcance, provocaron que se nombrara a esta serranía, como la “Sierra de Zapalinamé”.

En 1588 Francisco de Urdiñola enfrentó una de las últimas rebeliones indígenas dirigidas por estos guerreros, quienes   fueron   derrotados. Debido   a   que   la   pacificación   y evangelización no se lograban del todo, el Virrey Luis de Velasco pidió ayuda a los tlaxcaltecas en 1591, para que los chichimecas se convirtieran a la religión cristiana, se volvieran sedentarios y agricultores, mediante el ejemplo impuesto; razón por la cual, en septiembre del mismo año, Urdiñola, 71 familias tlaxcaltecas y 16 solteros, también indígenas, arribaron a Saltillo y fundaron el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

En octubre de ese mismo año, Urdiñola oficializó la fundación del pueblo San Isidro de las Palomas, hoy Arteaga. El cual había sido formado por familias tlaxcaltecas dirigidas por Don Buenaventura de Paz y por Don Joaquín de Velazco en 1580. 

Pese a esto, estos milenarios pueblos de recolectores-cazadores desaparecieron aproximadamente en 1760, como resultado de las guerras anti-indias ordenadas por los borbones en 1725. Sin embargo, descendientes de estos aguerridos pueblos, aun habitan esta hermosa sierra.

Gerrero Huachichil  

ILUSTRACIÓN  Daniel Parada

Francisco de Urdiñola

Saltillo, se converte en Capital

Siglo XIX, la unificación de dos pueblos y la gerra entre dos naciones.

Durante el siglo XIX, cuando la población ya era mestiza y su estilo de vida era un entretejido de tres culturas (chichimeca, española y tlaxcalteca), la explotación de los recursos había cambiado de manera sistemática, los recursos forestales más utilizados en ese entonces eran leña, al ser necesaria no sólo para el uso doméstico, sino para el establecimiento y funcionamiento del ferrocarril y de fábricas, molinos, tenerías e hilanderías; para tal efecto, la madera más codiciada era la de encinos, huizaches, mezquites y quizá, oyameles; siendo los encinos los más afectados.

El 5 de marzo de 1811, Miguel Hidalgo y Costilla, acompañado de su contingente independentista cabalgan por las faldas de la Sierra de Zapalinamé en su recorrido hacia la Alta California, sin saber que sería capturado días después en Acatita de Bajan. 10 años más tarde, meses antes que se hiciera el acto oficial de independencia en la ciudad de México, el Cabildo de Saltillo declaró la independencia en la Plaza de Armas, con lo que la Villa de Santiago del Saltillo fue bautizada como Leona Vicario, y el pueblo de San Esteban cambió su nombre por el Villa Longín; sin embargo, los nombres no prevalecieron y en 1827 se integraron como una sola población, Saltillo, la cual se convierte en Capital del estado de Coahuila.

Imagen Banxico

Batalla de la Angostrua

Buenavista, ¿Empate técnico?

Desde el inicio de la Guerra de Texas en 1836, la intención de los americanos era avanzar hasta la capital mexicana a cualquier costo. Ante esta situación se solicita a Santa Anna regresar de su último exilio, una vez en San Luis Potosí, al recibir informes de que el General Zachary Taylor partía de Monterrey para ocupar la plaza de Saltillo, éste se vio obligado por las circunstancias a marchar con todo su contingente rumbo al norte.

Cuando el Generalísimo llegó al puerto de la Angostura, de los dieciocho mil hombres con los que partió, cuatro mil se hallaban fuera de combate, confirmándose el día que pasó revista, diez mil infantes, entre quienes se contaba a los irlandeses y extranjeros del recién formado Heroico Batallón de San Patricio, dos mil seiscientos caballos y diecisiete cañones en total.

Capitán Luis G. Osollo

La rapidez con la que se movieron las tropas mexicanas y la resistencia pasiva que mostró la tropa de línea lanzándose al combate después de haber emprendido una marcha tan dura y sin descanso desde San Luís Potosí, causa admiración por igual a historiadores nacionales y extranjeros.

El desarrollo de la batalla se centró en alcanzar una posición elevada y ventajosa sobre las faldas de la Sierra de Zapalinamé, posición que fue ocupada por las tropas mexicanas al mando del teniente capitán Luis G. Osollo, de 19 años de edad en aquél entonces y uno de los pocos militares que en todo sentido pueden contarse en nuestra historia nacional.

Para este combate, Taylor desvió la División del Centro al mando de John E. Wool de su expedición en Chihuahua, para reunirse con él en Saltillo y con la entrada de Wool a esta ciudad se registró la primera guerra fotografiada en la historia de la humanidad. Las imágenes fueron tomadas por un autor anónimo gracias a un aparato construido por Louis Daguerre en 1839.

Con el triunfo del ejército mexicano, aunque momentáneo, se obtuvieron como trofeos arrancados a lanzazos al ejército de los Estados Unidos, tres cañones propiedad del 4° de Artillería con su correspondiente munición en cajuelas, cuatro carros y tres banderas americanas, cabe señalar que la batalla transcurrió sin que se perdiera ninguna bandera mexicana. Sin embargo, en vez de rematar al enemigo, la noche del 23 de febrero Santa Anna declaró que se había ganado la batalla y ordenó la retirada inmediata, con ello la batalla de La Angostura es considerada como una victoria mexicana, que el general Santa Anna echó a perder de forma inexplicable ante un enemigo ya vencido con una retirada repentina.

Entrada a Saltillo de John E. Wool

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